El Mosteiro dos Jerónimos se comenzó en 1501 por orden del rey Manuel I, en el mismo lugar donde Vasco da Gama y su tripulación pasaron su última noche en tierra antes de zarpar hacia la India en 1497. Se pagó con pimienta. La corona portuguesa impuso un impuesto del 5% sobre las especias llegadas de Oriente, y esos ingresos financiaron el proyecto arquitectónico más ambicioso del Renacimiento portugués.
La arquitectura es manuelina — un estilo gótico tardío exclusivamente portugués que fusiona bóvedas de crucería y arcos apuntados con motivos de cuerdas, nudos, corales y astrolabios tallados en la piedra. Diogo Boitac lo inició; João de Castilho terminó el claustro y el pórtico sur de la iglesia. El claustro es la obra maestra del edificio: un cuadrado de dos plantas en piedra caliza tallada donde cada columna es diferente.
Dentro de la iglesia, dos tumbas flanquean el pórtico a ambos lados de la entrada occidental. A la izquierda yace Vasco da Gama, el navegante que abrió la ruta marítima a la India. A la derecha yace Luís Vaz de Camões, el poeta cuyos *Os Lusíadas* convirtieron aquella travesía en la epopeya nacional de Portugal. Las tumbas se colocaron allí en 1898, cuatrocientos años después del viaje. El monasterio sobrevivió casi intacto al terremoto de Lisboa de 1755 — uno de los pocos edificios de Belém que lo logró.